jueves, 19 de julio de 2012

LOS ACTORES FUNDAMENTALES EN LA EDUCACIÓN DEL DISCENTE.




La educación del país es una tarea compleja y ardua que requiere del concurso de diversos actores. Los padres y madres de familia juegan un rol de primer orden. Su papel educador también reviste gran complejidad, tanto al realizarlo en el hogar, como proyectándolo en el centro educativo de sus hijos, para configurar su identidad y personalidad, incorporando saberes cognitivos y emocionales que les preparen para una participación ciudadana crítica y efectiva.
La familia constituye el espacio educativo por excelencia, en tanto los saberes y valores que transmite a sus hijos, constituirá el principal resorte vital a lo largo de su vida. Como célula fundamental de identidad, interacción y aprendizaje, representa el escenario privilegiado para proporcionar a los hijos un acervo amplio de experiencias afectivas y cognitivas. Esta educación no formal e informal representa el lado más preciado del desarrollo de la niñez y juventud, por tener una impronta profunda en sus vidas. De ahí que las actitudes y valores que padres y madres modelen cada día ante sus hijos e hijas, se constituyen en su principal patrimonio, impregnándoles su identidad, personalidad y carácter.
Cuando esta herencia trascendental resulta trastocada por la separación, desunión y descuido de padres y madres, pronto se develarán sus consecuencias negativas en los valores y personalidad de sus hijos, proyectándose en el centro educativo con un peso específico no siempre comprendido por directores y docentes.
Los currículos educativos representan el proyecto de vida educativa a desarrollar por los centros, constituyéndose en los mediadores fundamentales entre maestros y los estudiantes. Sin embargo, comprometen muy poco a padres y madres, haciendo recaer todo el peso educativo en los docentes.
Cada día la acción educativa de los centros educativos se reviste de mayores tensiones, sobrepasando las capacidades docentes que interactúan a diario en las aulas. La globalización y los acelerados cambios que se producen en el conocimiento y la tecnología, ubican a los maestros en gran desventaja, por cuanto no tienen acceso amplio a la tecnología y al conocimiento actualizado.
Tal rezago y complejidad se acrecientan, cuando su soledad se intensifica al no contar con la participación de los padres de familia.
Frente a las dificultades que envuelven la educación, son pocos los padres que deciden apoyar la labor de la escuela interactuando con sus maestros, prefiriendo la mayoría desresponsbilizarse de su participación, sin pensar en las tristes consecuencias que ello causará en sus hijos.
La experiencia que el Ideuca viene desarrollando en diversos estudios y programas de innovación educativa, dejan al desnudo esta problemática, proporcionando aprendizajes que alimentan el haber teórico y práctico del conocimiento educativo.
La esencia de estos saberes construidos evidencia que, pretender mejorar la calidad de nuestra educación, guarda estrecha relación con la calidad con que la familia participa en el centro educativo.
Resulta interesante constatar que, aquellos centros educativos que logran dinamizar y movilizar a los padres involucrándoles como colaboradores directos en la educación de sus hijos, son los que ofrecen mejores resultados en la calidad de los aprendizajes. Por el contrario, aquellos que presentan mayores déficits de calidad reflejan, muy bajos niveles de participación familiar.
Algunas acciones interesantes que los centros de avanzada realizan proporcionan claves significativas:
-Mejora el aprendizaje de la lectura y escritura cuando los padres participan en reuniones con los docentes y aprenden a aplicar en casa los refuerzos necesarios.
-Organizan a padres y madres en la comunidad y reúnen a niños y niñas para reforzarles aprendizajes de lectura, escritura, matemáticas, etc.
-Invitan a padres y madres para apoyar a los maestros en el aula con experiencias interesantes de aprendizaje.
-Los padres apoyan cada día a sus hijos en casa con las tareas, ayudándoles a leer y escribir con corrección, siguiendo las orientaciones de las maestras.
-Directores y docentes inciden para que sus alumnos modifiquen sus hábitos nutricionales, eliminando comida “chatarra”, a la vez que involucran a los papás en el proceso. Un estudio reciente del Ideuca demuestra que la desnutrición y obesidad de niños menores de cinco años son preocupantes.

Rafael Lucio Gil 


viernes, 29 de junio de 2012

Maestro, educador, pedagogo


     EL MAESTRO DE MAESTRO  EL CHINANDEGANO JOSE  LAZARO SANCHEZ
En sentido ontológico o del ser, toda las personas somos iguales pero cada quien tenemos nuestra propia identidad que nos hace diferentes.
Como personas distintas y a la vez iguales poseemos dignidad, libertad y sociabilidad, a la par que necesitamos de justicia, satisfacer nuestros derechos y necesidades básicas, incluso la de ser felices.
En nuestra vida y en la vida de la sociedad existe, actúa e influye una persona, es decir una forma muy particular de ser persona, muy especial y de extraordinaria importancia puesto que en gran medida es el sustento activo y permanente de la formación de las personas y ciudadanos que dan continuidad a la historia y cultura de cada pueblo. Es una persona especial, única, insustituible en la vida de cada pueblo.
Esa persona a la que conocemos y llamamos maestra, maestro, encierra un significado que abre un gran espacio a través de su persona, su trabajo, su ejemplo y su proyección.
Presente en el aula, la escuela, la comunidad, el país, siempre en interacción con personas, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, desarrolla tres importantes tareas, la de maestro, la de educador y la de pedagogo, según la publicación “El regalo de sí mismo”. Madrid 2006. Es el mismo en tres grandes dimensiones del proceso educativo de las personas, de la ciudadanía, de la historia y cultura del país.
Maestro no es necesariamente quien enseña sino quien sabe. El maestro es un sabio que sabe tejer tarea y gozo. Y tratándose de educar para la vida, es quien sabe y saborea la sabiduría de la vida;
El maestro está comprometido en su propio crecimiento; sus alumnos lo observan y lo notan; es una persona reconciliada con su historia. Vive en paz; sus alumnos lo perciben; está más allá de pretensiones y ansiedades. Es una persona sosegada; sus alumnos lo agradecen; es autónomo, sabe lo que quiere y lo que no quiere; sus alumnos le admiran; el maestro posee su vida y es poseído por la vida en crecimiento; sus alumnos se felicitan por ello.
Educador es quien tiene propuesta educativa y la ofrece y la trabaja; el educador es un buscador-innovador, que guarda en su mente y en su corazón una pregunta respondida, y nuevas preguntas y nuevas búsquedas, nuevos intentos, nuevas respuestas en relación asi mismo y a los alumnos y a la comunidad; un educador siempre se pregunta qué perfil de persona quiere proponer, qué medios puede aportar para que su alumno pueda lograrlo y, sobre todo qué fines, qué sentido de la vida puede ofrecerle; propone porque se siente propuesto. Pero, no propone valores que él o ella no reconoce como bienes para sí. Está personalmente implicado en lo que propone. Cuanto propone es propuesta para él, un bien para él.
Pedagogo es quien sabe aplicar la dosis conveniente en el momento oportuno; el pedagogo es un mago que sabe sacar lo mejor de sus alumnos, aquello que ni siquiera ellos mismos conocen. Sabe que cada uno es la cueva de Alí-Babá y como mago está dispuesto a enseñarle las palabras mágicas para que su cueva se abra y pueda descubrir y gozar de los grandes tesoros que guarda su interior. Sin esas palabras mágicas, esos tesoros se perderían en el olvido; el pedagogo cree, siembra, nutre, ayuda, espera, da oportunidades, enseña medios, ofrece recursos, genera procesos, corrige, ilumina, motiva, estimula, sabe adelantarse, se sitúa en lo positivo y trabaja desde lo positivo. El pedagogo tiene paciencia inteligente, conoce a su alumno, sabe lo que le está pasando y se sitúa en lo posible y con esperanza.
Como maestros que enseñamos a vivir, estamos como en un escaparate. Nuestros alumnos nos ven. Nos ven con decisión de crecer como personas, decididos a vivir y a vivir bien y a vivir del todo, enamorados de la vida. Y necesitan vernos queriendo aprender, crecer abiertos a la vida a lo por-venir.
A todos ellos se debe que nuestra educación tenga vida y vida cada vez más abundante en sus diversos niveles, modalidades y sus componentes extrínsecos e intrínsecos.
Mi respeto y admiración a todas nuestras maestras y maestros.
J.B.ARRIEN.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Los mandamientos del docente universitario


Un amigo me sugirió la idea de elaborar un decálogo que sintetice, de acuerdo a las más avanzadas teorías psicopedagógicas y el magisterio de Paulo Freire, los que podrían ser “Los Diez Mandamientos del docente universitario”. Lejos de sentirme un émulo de Moisés en el campo de la educación superior, hoy los publico a sabiendas de que no es una formulación definitiva sino una propuesta o ensayo susceptible de mejoramiento. Propongo los siguientes mandamientos:
Asume tu cátedra con modestia y la convicción de que tienes aún mucho que aprender de la disciplina que vas a impartir. En el ejercicio de la docencia seguramente aprenderás mucho más sobre ella. Ya lo dijo Cicerón: “Si quieres aprender, enseña”. Y recuerda que no existe docencia sin estudio e investigación. El conocimiento crece y se renueva constantemente. Si no sigues sus pasos tu docencia pronto estará desfasada.
No presumas de tus conocimientos. No te presentes en el aula con la intención de demostrar erudición. Tus alumnos, con sus preguntas e intervenciones, te harán conocer nuevos aspectos y matices que ni siquiera sospechabas y que enriquecerán tu conocimiento. Formula preguntas a tus alumnos para estimular su participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Nunca olvides que el sujeto principal del proceso es el alumno y no el profesor. Enfatiza en los procesos de aprendizaje más que en los de transmisión del conocimiento.
Ante tus discípulos tienes que demostrar coherencia entre tu discurso y tu práctica. La falta de coherencia te haría perder credibilidad ante ellos. Tu conducta pública y privada debe ser coherente con tus enseñanzas. Respeta las opiniones políticas de tus alumnos, y nunca trates de manipularlos políticamente. No impongas tus ideas por un principio de autoridad. Recuerda que es más importante la autoridad de los principios.
Tu rol como docente no lo limites a la clase expositiva o verbalista. Si así lo haces, estimularás en tus alumnos una actitud puramente receptiva de simples “tomadores de apuntes”, que luego memorizarán para el día del examen. Esto no garantiza que realmente han aprendido lo que tratabas de enseñar. Debes evolucionar, como recomienda Freire, de “educador bancario” a “educador problematizador”, y recuerda que tanto vale el texto como el contexto y que enseñar exige compromiso, ética y estética.
Tu rol como docente es actuar como un intermediario entre el conocimiento y el aprendizaje de tus alumnos. Tu papel es el de un facilitador de la construcción conjunta del conocimiento con tus discípulos, pero recuerda que los valores son los que transforman la simple instrucción en educación y el conocimiento en sabiduría. Que tu magisterio se inspire en los paradigmas del Desarrollo Humano Sostenible, el respeto a los derechos humanos, y a la interculturalidad, la tolerancia y la Cultura de Paz.
Tu deber, si es que realmente quieres que tus alumnos aprendan y, lo que es más importante, que “aprendan a aprender”, es transformar el aula en un ambiente de aprendizaje. Debes esforzarte por llevar al aula los materiales, previamente elaborados, capaces de suscitar aprendizajes significativos en tus alumnos, que tomen en cuenta sus conocimientos previos.
Tus alumnos no son todos iguales en cuanto a capacidad o motivación para el aprendizaje. Adopta las medidas pedagógicas que se adapten a la diversidad de sus capacidades y necesidades. Esfuérzate por crear una relación interpersonal de mutuo respeto con tus alumnos y no olvides que la educación es una construcción social donde la interacción con los demás es decisiva.
Asume la convicción que toda pregunta que se te haga en clase es importante. Para un buen docente no existen preguntas tontas o inútiles. Aprende a valorar la participación de tus alumnos y estimula su autoestima y su curiosidad. Un exabrupto de tu parte puede arruinar el deseo de tu alumno de aprender y su inquietud indagadora.
No evalúes a tus alumnos en función de la mayor o menor exactitud con que repitan tu discurso ni por la simple acumulación de datos e información. Utiliza pruebas de evaluación que te permitan apreciar si realmente aprendieron y si fueron capaces de construir el nuevo conocimiento e incorporarlo a su estructura cognitiva.
El fin último de tu labor como docente debe ser promover la autonomía de tus alumnos, para lo cual debes evitar generar dependencias.
Tu éxito como docente se medirá si tus alumnos adquirieron las herramientas cognoscitivas y la motivación para seguir aprendiendo durante toda su vida. Y considera como un triunfo que tus alumnos algún día te superen.
DR. Carlos Tünnermann Bernheim

sábado, 12 de mayo de 2012

JOSE TOLEDO DE AGUERRI MAESTRA EMERITA DE NICARAGUA.

Ayer, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua sesionó en Juigalpa, con motivo del 50 aniversario del fallecimiento de Josefa Toledo de Aguerri (1866-1962). Me refiero a la gran educadora, cuya labor forjó la pedagogía moderna en nuestro país con otras graduadas del Colegio de Señoritas —fundado en 1882— a lo largo de muchas décadas.
Su carrera abarcó la dirección de varios centros públicos y la fundación —aún en tiempos del general J. Santos Zelaya— y de su propio colegio y la Escuela Femenina de Prensa, de la Escuela Normal de Señoritas, el Colegio de Señoritas Técnico-Práctico y el Kindergarten Modelo. Sin embargo, su vocación educativa fue más amplia, resultando una escritora pedagógica de grandes capacidades, una ensayista —teórica de la enseñanza— y autora de teatro escolar.
Sus piezas, desde luego, estaban vinculadas a su práctica diaria y eran cortas, amenas y fáciles de asimilar, teniendo de objetivo transmitir el civismo, la autogestión y el espíritu democrático de las elecciones; y de inculcar el ideal unionista. Cultivó, igualmente, la crónica de viaje y la biografía breve, el editorial y el artículo divulgativo, como dan fe media docena de obras.
Estas, en el campo específicamente pedagógico, postulaban la revitalización de las escuelas normales (la de Varones fundada en 1908 y la de Señoritas en 1910); la necesidad de establecer un Consejo Nacional de Instrucción Pública, el concepto “nuevo” de escuela como esfuerzo dirigido, perfeccionamiento progresivo, fe en sí mismo, esperanza en la realización de los ideales y abnegación para un exceso de trabajo en favor de los demás; el sentido del Kindergarten y sus críticas al método de Froebel, esencialmente matemático; el uso de libros de texto y otro temas sobre disciplina y moralidad, higiene y sinopsis, colonias y bibliotecas escolares, juntas, academias y asociaciones, la celebración del Día del Maestro y la Fiesta del Árbol, decretada en 1929.
Al mismo tiempo, propugnaba —como feminista pionera— por la superación y los derechos de la mujer. Esta significación tuvieron sus publicaciones periódicas Revista Femenina Ilustrada (1918-20) y Mujer Nicaragüense (1929-30), actividad que presenta otra faceta fundamental de su personalidad: la de promotora cultural. No sólo esas publicaciones periódicas fueron proyectos logrados, sino su Enciclopedia Nicaragüense (1932), de la cual sólo quedó el segundo tomo, pues el primero fue destruido por el terremoto capitalino de 1931. A todo ello hay que sumar el despliegue de una incansable labor como benefactora social, presidiendo numerosas instituciones filantrópicas.
Por fin, vale la pena recordar su trilogía práctica (buena presencia, precisión en el aprendizaje y constancia en el estudio ordenado) que concretaba en su expresión nemotécnica: “Facha, fecha y ficha”. Mas su autorretrato mental la reveló conspicua e inteligente, cortés en su trato y tenaz en sus propósitos, aparte de ofrecer estos principios: la veracidad como virtud predilecta, la integridad como cualidad más estimada en el hombre y la honestidad en la mujer. Su concepto de la felicidad consistía en tener fe, abrigar esperanza y practicar la caridad. Y el de la desdicha en mantenerse inconforme e intolerable.
“Doña Chepita” prefería vivir “en donde la justicia tuviera su mejor representativo”. Declaraba a Cervantes y a Darío, respectivamente, su prosista y poeta predilectos. Chopin era su músico más admirado y Murillo, el español, su pintor más afín. Tenía un libro de Pestalozzi de cabecera y el héroe de la vida real que más admiraba era el padre Mariano Dubón. Su heroína por antonomasia: Rafaela Herrera; su aversión particular, la hipocresía; y su lema: “Todo por la patria, la familia y el honor”.

viernes, 13 de abril de 2012

La educación es, ante todo, cambio y transformación



La educación es un tema recurrente de mayor interés para la sociedad. Lo patentizan padres y madres de familia, organismos de la sociedad civil, instituciones y empresarios, todos muestran interés, aunque por razones diversas. Mientras a unos les interesa como factor de desarrollo personal y medio para mejorar su calidad de vida, otros la ven como la mejor arma del país para competir en un mundo globalizado; a otros, les mueve lograr mejorar la eficiencia productiva.
Tal interés, sin embargo, evita enfrentar el tema de la educación como terreno de transformaciones y cambios profundos. Tal pareciera como si el tema fuera simple y sencillo, limitándose a reclamar más recursos económicos o la necesidad de aplicar políticas educativas consistentes y pertinentes con la realidad del país. Lo cierto es que tales enfoques son necesarios, pero obvian lo que yace en las entrañas mismas del hecho educativo: la educación como proceso sistemático de cambios y transformaciones personales e institucionales.
Nada mejor que las fiestas de la Pascua, que envuelven al pueblo cristiano para pensar en las relaciones íntimas que las mismas tienen con el hecho educativo. Cambios y transformaciones que, desde un punto de vista religioso, representan el “paso” de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, con lo que ello conlleva de dolor, aunque desembocando en profunda alegría proporcionada por un nuevo horizonte vital.
Son periódicas en el país las reformas educativas. Se concretan en políticas que despliegan acciones enfocadas a lograr objetivos laudables, metas, logros y resultados visibles y medibles. Tales intencionalidades omiten frecuentemente lo más importante: el rol de cambio de las personas que integran el sistema educativo. Tales propósitos dan por hecho que, las personas a cargo los asumirán sin dilación alguna.
Tales reformas giran en torno a objetivos institucionales que, ingenuamente, pretenden alcanzarse sin mediación alguna. Así, los distintos niveles educativos realizan reformas curriculares renovando e incorporando contenidos más actualizados, adoptando metodologías más modernas, pero obviando lo más importante: a quienes deberán ponerlos en práctica, con sus representaciones mentales,  hábitos, creencias y actitudes. En el mejor de los casos, todo se reduce a proporcionar una capacitación-información dirigida a dirigentes, técnicos y profesores, asumiendo que, conociendo los contenidos y metodologías bastará para que los lleven a la práctica. Tal desconocimiento de los procesos de cambio constituye una verdadera “caja negra”, al obviar la lógica que preside los cambios en cada persona.
Las experiencias de las instituciones educativas son claras. Los propósitos de las reformas son cuantiosos, pero los balances de logros son escasos. Se trata, en suma, de reformas para no cambiar. Esta ingenuidad aparente está presidida, como telón de fondo, por un paradigma educativo técnico-eficientista basado en resultados. Para su modelo teórico movilizador, ajeno a la esencia de la educación, lo importante es alcanzar resultados a cualquier costo, sin fijar la atención en cómo deben abordarse tales procesos. Lo importante no son precisamente las personas con sus procesos humanos, técnicos y pedagógicos acompañantes, tildándolo de mera filosofía.
Hoy, por el contrario, se acepta que en el ámbito educativo son tan importantes los resultados como los procesos que llevan a alcanzarlos, conteniendo la mayor riqueza humana en estos últimos. Esta trivialización de los procesos de cambios, desoye la complejidad que tienen en el terreno personal e institucional. Aun cuando en las últimas décadas el ámbito educativo ha realizado múltiples investigaciones en distintos contextos con enfoques diversos, en que se ponen de manifiesto los obstáculos epistemológicos que asisten, de forma natural, a las personas que deben realizar cambios en sus concepciones y prácticas educativas, raramente las políticas de reforma toman en cuenta tales obstáculos.
Frecuentemente el personal técnico y docente del sistema educativo es incomprendido y culpabilizado al no aplicar directrices de reforma.
Evitar este nudo crítico del cambio y transformación de las personas no es la solución, ni tampoco imponer los cambios.
Es preciso poner en acción una pedagogía del cambio, formando a dirigentes y profesores, no para mantener tradiciones educativas, sino para superarlas con capacidad crítica, innovadora. Preparar para el cambio supone desarrollar competencias de reflexión crítica sobre la práctica, investigación acción de la práctica educativa, puesta en acción de dinamizadores estratégicos; todo ello apuntando a que la educación en las instituciones educativas despliegue procesos de cambio y transformación. Cuando esto se logra, la aplicación de los currículos y nuevas metodologías en que deben desembocar las políticas educativas, dejan de ser un problema. Cuando las personas son preparadas para el cambio, las transformaciones no son traumáticas sino procesos gratificantes que posibilitan todo lo demás. 
FUENTE:R.LUCIO / OSIRISMELISA

miércoles, 28 de marzo de 2012

viernes, 23 de marzo de 2012

COMPETENCIAS EN EL NUEVO CONTEXTO DE APRENDIZAJE EN NICARAGUA.


La educación es constante búsqueda de cambio y respuesta a necesidades del país, lo que no siempre logra a tiempo. En la práctica, frente a una sociedad que avanza en progresión matemática geométrica (multiplicando), la educación lo hace como progresión aritmética (sumando), lo que agranda la brecha y su difícil superación.
En las últimas décadas la crítica a la naturaleza y calidad de los saberes de la escuela es  constante. Esto, porque la ocupación del sistema educativo ha sido fundamentalmente responder a exigencias universitarias, generalmente alejadas del sentido práctico aplicativo del aprendizaje a la vida cotidiana.
Las críticas  provienen, sobre todo, del mundo laboral y empresarial, tomando en cuenta que muchos jóvenes no acceden a la universidad y sus aprendizajes distan de la vida y el ámbito laboral.
Tales críticas aluden a una desmembración de saberes, al operar de forma desintegrada los objetivos de aprendizaje en aprendizajes declarativos, de habilidades, actitudes y valores. Tal atomización enfatiza aprendizajes declarativos (hechos, fechas, conceptos, etc.), en desmedro de su aplicación práctica para la vida con un buen desempeño. Tal divorcio entre niveles de saberes ha influido en que, al tener que aplicarlos de forma práctica en contextos cotidianos presenten déficit evidentes, en tanto el desarrollo de habilidades y actitudes responden a una perspectiva teórico-academicista, artificial, desvinculada de los contextos reales a los que se aplican tales conocimientos.
Como reacción a este comportamiento no se han hecho esperar, desde hace dos décadas, iniciativas en determinados contextos y tiempos. Así, la educación en estándares de contenidos se implantó en el país no hace mucho. Sus evidentes debilidades  posibilitaron avanzar un paso más hacia las competencias.
La Unión Europea emprendió, con éxito, el Proyecto Tunning, trasladado y adaptado a Latinoamérica en la década reciente. Tal esfuerzo significó un proceso de encuentro entre empresarios, universidades y educadores, obteniéndose una definición concertada de competencias en niveles generales y específicos.
Estos avances en Nicaragua han significado un paso adelante, pero muy poco comprendidos y profundizados. Los nuevos currículos de todos niveles educativos plantean tales avances; no obstante, aún hace falta valorar en qué medida las competencias que presentan guardan relación con los métodos de enseñanza que se utilizan en el terreno, los recursos con que disponen los centros y los resultados que se obtienen. El cambio de objetivos a competencias ya se ha ubicado en el discurso, pero su puesta en práctica aún sigue respondiendo más a objetivos que a competencias.
Un concepto de competencia ampliamente compartido, aunque con distintas expresiones según autores, se refiere a la capacidad o habilidad de efectuar tareas o hacer frente a situaciones diversas de manera eficaz, en un contexto determinado, movilizando actitudes, habilidades y conocimientos al mismo tiempo de forma interrelacionada. Por consiguiente, se trata de una capacidad de realizar acciones eficaces ante situaciones y problemas de distinto tipo, que el sujeto está dispuesto a resolver con una intención definida y actitudes adquiridas, para lo cual requiere dominar procedimientos habilidades y destrezas para realizar la acción. Pero tales habilidades para que lleguen a buen fin, deben aplicarse sobre objetos de conocimiento como hechos, conceptos y sistemas de conceptos.
Como puede verse la competencia, a diferencia del objetivo que separa y no integra los distintos niveles del saber, se caracteriza por la integración que el sujeto haga de estos niveles de conocimiento no de manera separada sino simultánea.
Por tanto, la competencia más que fijar su atención en el conocimiento que pueda tener el sujeto, la ubica en el modo con que el sujeto actúa en situaciones concretas, de manera que realice las tareas de forma excelente. No se podrá decir que una persona es capaz de cierta competencia, hasta el momento que aplica los conocimientos, habilidades y actitudes a la par, de forma eficaz.  A diferencia de los estándares de contenidos que la administración educativa del país incorporó hace unos años, en los que sobresalía el interés por los contenidos, en la competencia no se niega el contenido, pero sí demanda que este vaya integrado con las habilidades y actitudes necesarias.
Una pregunta que es preciso responder cuanto antes: ¿Se podrán desarrollar competencias curriculares en una institución educativa, de cualquier nivel, si los conocimientos que se aprenden no van a la par de su aplicación práctica en contextos reales cotidianos, activando herramientas necesarias como habilidades, procedimientos y actitudes? Más allá de seguir la moda, es preciso someter a un examen cuidadoso la medida en que estas se desarrollan de forma práctica en contextos situados. En ello reside la clave fundamental de la calidad de la educación.